Pequeños placeres: sentir

Dormir sin ropa.

Dormir abrazadxs.

Despertar antes de que la alarma suene.

Ver el amanecer.

La ceremonia del mate.

No tener planes e improvisarlos sobre la marcha.

Acariciar a un perro.

Sentir el ronrroneo de un gato.

Amasar pan.

Tocar arroz crudo y ver cómo se escurre entre nuestros dedos cual arena.

Tocar y sentir la textura de las hojas de las plantas.

Oler la tierra húmed.

Percibir el perfume de las flores en nuestras narices. Dejarnos llevar por lo que nuestra mente vincula a dicho aroma.

Inhalar el perfume que queda cual estela luego del paso de un desconocido en la calle.

El olor de un libro viejo.

El olor de un libro nuevo.

El lápiz haciendo sus trazos sobre el papel.

Escribir. Sanar.

Encontrar textos viejos y re-leerse.

Pintar con acuarelas y fluir.

Cerrar los ojos y atender a todos nuestros sentidos.

La crema sobre la piel seca.

Las lágrimas sobre el ojo seco.

El agua caliente sobre el cuerpo destemplado.

El sol sobre la cara, sentir su calidez.

El viento entremezclándose en el pelo. El viento soplando bajito o fuerte en la oreja.

Las lluvias de verano refrescando el cuerpo acalorado.

El sutil comienzo de la lluvia sobre la piel de la cara.

Estar bajo techo con la lluvia como banda sonora en el exterior.

Dormir la siesta.

Ver el atardecer.

Los gestos de generosidad inesperados.

La sonrisa cómplice de un extraño al pasar en frente nuestro por la calle.

La leña chispeando en el fuego de un hogar.

Hacer y que te hagan cosquillas.

Reir hasta que duela la panza.

Un abrazo eterno.

Meditar. Respirar hondo. Prender un sahumerio.

Sacarse la máscara. Aflojar.

Desconectarse de la virtualidad. Conectarse con el presente.

Desconectar de los pensamientos, conectar con el cuerpo.

Masajear.

Bailar sin coreografía. Bailar y sonreir.

Andar en bicicleta.

Respirar profundas bocanadas de aire después de correr. Sentir la sangre fluyendo a gran velocidad por todo el cuerpo.

Hipnotizarse viendo el mar olear o bien un lago tranquilo, casi estático.

Estirar el cuerpo. Invertirlo.

Tomar vino y prender velas en la bañera.

Escribir cartas.

Borrar y tirar cosas.

Podar las plantas.

El sonido de las tijeras cortando pelo.

Cambiar de piel.

Acompañar los cambios de la piel en su envejecimiento.

Las heridas que, al fin, cierran.

Regar las plantas y regarme.

Ver como todo crece, re-brota, con más fuerza que antes.

Manipular la tierra fértil. Sentir su temperatura, su textura. Ensuciarse.

Andar con vestido en verano.

Andar con bata en invierno.

Sentir el peso pesado de las mantas sobre el cuerpo antes de desmayarse del sueño.

Descansar.

Sentir.

Un comentario en “Pequeños placeres: sentir

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