Patrones de apego y codependencia

Vivimos en una sociedad en la que desde pequeños nos enseñan a temer lo desconocido, buscar la validación externa y llenarnos la vida y los días de objetivos.

También, nos invaden los recursos artísticos escritos y audiovisuales que dicen que uno sin un otro al lado no es nada. Canciones de amor, de desamor, películas, libros, textos aislados, obras de arte. La frase: “no soy nada sin ti” se lee y escucha a diario.

Idealizamos al amor. Nos esforzamos muchísimo en amar suficientemente bien a los otros – sobre todo a un “otro significativo” – y con facilidad caemos en la trampa de que amor es fusionarse con el otro. Dejar de ser dos personas para ser una sola. ¿Dónde queda cada uno?

Pero esto no hace más que socavar la individualidad, la autonomía, la autoestima y independencia emocional. Empezamos a rumiar sobre qué pasaría de nosotros sin el otro, porque ya hace tiempo nos olvidamos como era estar solos. Porque estar y querer estar solo está mal visto. Porque estar solo es estar aislado, ser solitario, ser ermitaño, anti-social. Es tener algo mal. Es ser egoísta.

De las últimas veces que han amado, ¿cuántas veces eligieron y cuántas veces fueron elegidos? Puede ser que se hayan conformado con ser elegido ya que querían sentirse acompañados, o bien porque la falta de autoestima planta la semilla de un pensamiento que dice: “eres difícil de querer”, “no mereces estar con alguien bueno”, “te quedarás solx toda tu vida”.

Cuando el miedo a la soledad, la culpa y el compromiso empiezan a ser los motores habituales de nuestro accionar vincular, una alarma debería prenderse y sonar a todo volumen.

Si pretendemos llenar vacíos existenciales con personas, tarde o temprano, quedará en evidencia que ninguna persona salvo nosotros mismos podemos reparar esas heridas, esas falencias.

Quizás sería más sano estar sin compañía para poder hacerse las preguntas necesarias, realizar los ajustes y cambios de rumbo deseados, probar y equivocarse, preguntarnos de qué nos estamos distrayendo, cuáles eran y son nuestros sueños, entre otros.

Al terminar, al momento del duelo de una relación que no prospera, la mayoría de las veces lamentamos que no vayan a ocurrir las cosas que soñábamos, que imaginábamos. No es un duelo realista, basado en la experiencia ni en lo necesario que es cortar con esa relación para dejar de complicar nuestro presente. Nos preguntamos ¿quién era yo antes esta persona? ¿Quién soy yo sin ella? Ya que la zona de comodidad se vuelve una alfombra cálida, nos olvidamos del auto-cuidado, de nuestros originales planes, para satisfacer o adaptarse a los del otro. Nos olvidamos también de que podemos sentirnos solos estando acompañados, y sentirnos acompañados estando solos.

¿Puede haber desamor cuando ya no hay amor?

Querer a una persona no es suficiente, hace falta admirarla, conectar con ella. Extrañarla. Saber estar juntos y a la distancia, respetando al otro. Respetar es otra forma de amor. Si no hay deseo genuino, que no haya nada.

3 comentarios en “Patrones de apego y codependencia

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